Buenos y razonables azares de la vida

Mi primer alumno fue Don Remigio, maestro rural de Veracruz que necesitaba aprender la regla de tres compuesta, en 1969. Me impactó su humildad para aprender y mi paciencia para ir con él a la biblioteca (yo tampoco sabía de memoria el tema), su atención y mi dedicación para explicar con el lenguaje que él pudiera entender.

Puedo decir que fue gracias a él, a esta sincronicidad, al conjunto de buenos y razonables azares de mi vida que entré en el mundo del aprendizaje, del ayudar a aprender, del enseñar aprendiendo a aprender enseñando.

Donde quiera que estés, Remigio… ¡gracias!

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